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31 agosto 2012
NI tan siquiera uno.
Mientras volvía a casa en autobús he escuchado como un señor le contaba a su hijo, que hacía un par de días se encontro con uno de sus mejores amigos de toda la vida al que al menos hacía 15 años que no veía. El niño lo miraba con cara atenta y no paraba de preguntarle si le había pedido su dirección para mandarle una carta muy larga donde le contara todo lo que había vivido en estos 15 años en los que no se habían visto. El padre le contesto que no, que no le había dado tiempo a preguntarle su dirección, ni su número si quiera, por que cuando se encontraron ambos tenían mucha prisa. Tras esta respuesta el niño apagó su sonrisa y se quedó embobado mirando por la ventana. Yo, que había oido toda la conversación, e incluso había sonreido sin darme cuenta al ver la inocencia de aquel niño, comencé a pensar si dentro de unos años yo también tendría una conversación asi con mi hijo o hija. Me dió por pensar en como sería el reencuentro con ese amigo al que hace 15 años que no veía, e incluso pensé quien me haría mas ilusión que fuese ese amigo. Lo penseé durante todo el trayecto, y no encontré respuesta. Luego, en mi casa me di cuenta de que no encontré respuesta por que no quería que pasaran 15 años, ni tan siquiera uno. Me dí cuenta de que quería tener a mis amigos siempre cerca.
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