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20 abril 2012

“No siempre hay que colocar una coma, donde existe un punto final.”

Días de: se me acabó la batería, mañana hablamos. O de: te quiero mi vida. O también de: oh! ha dicho bah! No puede ser. Sí, no te voy a mentir y menos te lo voy a negar, claro que me encantaría repetirlos, sin duda alguna. Es más, tengo miedo, tengo ese sentimiento odioso que casi nunca desarrollo, de que esto no va a volver a ocurrir. Pero espera, no quites la vista de esto y sigue leyendo. Que ya se que nadie es perfecto, ni tú, ni yo, ni la vecina del cuarto que siempre se asoma a la ventana para fumarse un maldito cigarro a escondidas de sus hijos. No me martirizo por ello. Cada uno es como es, yo te acepto tal y como eres, con todos tus defectos y con todas tus virtudes. Sé que muchas veces me comporto como una egoísta, que seguramente cuando más cariño necesitas, estoy pensando en la cosa más remota que existe. Sé que somos tan opuestos que cruzamos en los aspectos en los que coinciden todo hijo de vecino. Que muchas veces ambos nos comportamos como dos ignorantes en celo que lo único que quieren es salvar lo que tienen. Por otra parte, podría decir que en muchas ocasiones soy yo la que quiere tener la razón y muchas veces no es así. Y tú otras muchas intentas tenerla mostrándome pretextos tan absurdos que ni si quiera tú te los crees. Sí, se podría decir que somos todo lo malo y casi nada bueno junto. Y que en gran parte estamos unidos sinceramente por tu ego y por mí forma de actuar frente a las cosas más remarcables. Tus detalles que escuecen, mis salidas de tono, tus “me la pela todo”, mis ok. Patadas, pisadas, huellas que marcarán a largo plazo esa cosa que sentimos y que no sabemos ni lo que significa. Me arrepiento de pocas cosas, en las cuales obviamente no estás tú. Me arrepiento de cosas que hago sin pensar, por mis calentones que no vienen a cuento pero que salen. De poco más me puedo arrepentir. Como tú bien sabes, siempre ando de broma, de bar en bar, sonriendo y haciendo que la gente se ría conmigo. Que todos tenemos días malos, sí. Pero al fin y al cabo, son necesarios. Entonces llegamos a esa palabra clave que todo lo cambia, el orgullo. Esa puta y tan significante sensación de “todo lo puede” y “todo lo hace”. Sensación que posiblemente podría tragarse de vez en cuando, pero no es así. ¿Para que desafiarlo? Yo tengo mucho y pocas veces lo trago. Es más, lo mastico y mastico hasta que me derrumbo, como siempre pasa. Tú en cambio te lo tragas, lo sé. Lo único que quiero decir con todo esto, es que hasta hace menos de 5 meses yo no sabía lo que significaba querer, o levantarte un día y pensar, te tengo a ti! Y no por ello, te tienes que sentir mejor persona porque esto solo me afecta a mí, pero si que te tiene que llegar al oído de vez en cuando con mi voz y mis cuerdas vocales cada vez más viejas y desgastadas que Gracias. Gracias y perdón. Perdón, por ser tan capulla y puta a la vez. Y sin más, termino diciendo aquello de que quizás y solo quizás: “No siempre hay que colocar una coma, donde existe un punto final.” Y eso solo, queda en tus manos.

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